11.15.2006

MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y NEOLIBERALISMO

El funcionalismo de los medios de comunicación de masas es cada vez más evidente. Este fenómeno es inherente al sistema neoliberal impuesto en la dictadura militar
Es así como la prensa escrita, la radio y la televisión han sufrido un proceso ascendente de concentración económica. Proceso, tras el cual la información (o desinformación) es controlada por unas pocas manos.
Así, el sistema mantiene un monopolio ideológico que mantiene dormido al pueblo.
Por “pepito paga doble”

En el espectro político chileno, a menudo aparecen pequeños grupúsculos que disfrutan verse en televisión hablando en contra de todo y haciendo críticas ciertamente infantiles al neoliberalismo. La realidad es diferente. Las críticas al sistema económico y político que aparecen en los medios de comunicación de masas esconden el verdadero matiz del descalabro social que produce esta fase del capitalismo. Es por ello que esas críticas “al agua” que difunden algunos medios suelen ser peligrosos, pues acallan los discursos y acciones revolucionarias de muchos compañeros que, con rabia, escuchan en televisión las declaraciones de los nuevos “subversivos” que llaman a mantener la calma en las marchas.

Y es que para nadie es desconocido que los medios de comunicación de masas son funcionales al sistema y por lo mismo antes de informar, su deber es mantenernos desinformados. Esta situación en Chile es de sobremanera notoria y se explica por un proceso histórico-económico que se comienza a evidenciar con mayor claridad en los años de la dictadura militar, con la imposición del neoliberalismo: LA CONCENTRACIÓN ECONOMICA E IDEOLÓGICA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN.

LOS MEDIOS Y LA DICTADURA
Antes del golpe de estado de 1973, la propiedad de los medios era de carácter diverso. Tanto partidos políticos, organizaciones sociales, como algunos grupos económicos eran propietarios de medios. Con la arremetida militar, los medios de comunicación ligados a la Unidad Popular fueron acallados y se mantuvieron solo aquellos que eran funcionales al sistema dictatorial.

Un año después del golpe, la derecha económica alineada con las fuerzas militares, da inicio a la implantación del neoliberalismo, modelo económico calcado por los denominados “Chicago Boys” durante su estadía en Estados Unidos. Este nuevo sistema de “Libre Competencia”, permitió que la propiedad de periódicos y radios se concentrara en pocas manos y formas de pensar. Asimismo, con la constitución de 1980 los principios de la televisión como medio generador de información, entretención, cultura e integración son quebrantados con la apertura de la televisión a la privatización.

Estas medidas dieron paso a un proceso de concentración económica de los medios de comunicación, puesto que la propiedad de los mismos se encontraba en manos de pocas empresas ligadas a la derecha y, que antes, fueron esenciales para el derrocamiento del gobierno de Salvador Allende.

La concertación, lejos de regular esta situación, ha agudizado el proceso de concentración y profundizado el proceso de transnacionalización de la propiedad, en especial, en el medio radial.

EL CASO DE LA PRENSA ESCRITA
En los años 80, el panorama político impulsó la creación de periódicos y pasquines populares. Era lo que se denominó como el “periodismo de trincheras”. Sin embargo, los altos costos que significa mantenerlos, provocó que la periodicidad de estas publicaciones no fuera regular.

Fuera del periodismo de trincheras, la prensa formal sufría los embates de la censura y el avasallamiento económico producido por los consorcios El Mercurio S.A.P. y Consorcio Periodístico S.A. (COPESA). Estos, dominaban el mercado mass mediático, eliminando o comprando las publicaciones de la competencia, hasta conformar un duopolio comercial. Sin embargo, en términos políticos, la prensa escrita se encontraba ante un monopolio ideológico, dado que ambos consorcios defendían posturas de ultraderecha en apoyo la dictadura militar, desinformando a la población y en abierta complicidad de las violaciones a los derechos humanos. Así, se conformaba la dictadura del pensamiento.

La llegada de la “democracia” no cambió el panorama. La concertación continuó amparándose en el sistema neoliberal. La única diferencia con el periodo de dictadura, fue la creación de un nuevo consorcio ligado al oficialismo (La Nación), como forma de terminar con el monopolio ideológico y vender una imagen de “pluralismo”. Los, ahora tres consorcios que lideran el mercado de la prensa han comenzado a comprar periódicos regionales, agudizando la concentración y centralizando la comunicación en detrimento del pluralismo y las identidades locales.

Por otro lado, en el último tiempo, estudios han demostrado que la distribución de la propaganda oficial beneficia principalmente a los consorcios que lideran el mercado. Esto, en detrimento de nuevas publicaciones que han aparecido y que se han visto obligadas a cerrar o vender sus productos a los grandes consorcios.

En definitiva, la concentración de la propiedad en la prensa escrita se ha agudizado y ha centralizado los contenidos, a partir de la compra de diarios regionales por parte de tres consorcios: El Mercurio S.A., Consorcio Periodístico S.A. (COPESA) y La Nación.

LA RADIO TRANSNACIONAL
En el medio radial, se ha generado un fenómeno particular respecto de los otros medios de comunicación chilenos. Se trata de la imponente apertura a los capitales extranjeros que comienza a gestarse a mediados de la década de 1990. Este fenómeno se expande con la aprobación de la Ley sobre Libertades de opinión e información y ejercicio del periodismo. Esta normativa legal deroga la Ley 16.643 sobre Abusos de Publicidad. Esta última, establecía que la propiedad de los medios de comunicación debía estar exclusivamente en manos de personas de nacionalidad chilena y, en caso de ser consorcio, el 85% del capital debía ser chileno. Sin embargo, con la promulgación de la Ley de Prensa, los medios se abren a los capitales extranjeros.

Este fenómeno ha afectado principalmente a la radiodifusión, que ha visto como dos grandes consorcios internacionales se han apoderado del dial chileno, amparados por la Asociación de Radiodifusores de Chile (ARCHI).

En primer lugar, se encuentra la CRC (Consorcio Radial de Chile), que se conforma en 1995 con capitales colombianos ligados a la cadena Caracol. Actualmente, poseen 4 estaciones de radio a nivel nacional: W radio, Radioactiva, Bésame FM y los 40 principales.

Por otro lado, más tarde se conforma la Iberoamerican Radio Chile, representantes del Holding Iberoamerican Media Partners, de capitales norteamericanos y venezolanos. Su estrategia es comprar emisoras ya instaladas en el mercado, para explotarlas. Este consorcio concentra la propiedad de alrededor de una decena de emisoras nacionales: Imagina, Concierto, Pudahuel, FM dos, Rock and Pop, Corazón, FM Hit, entre otras.

Entre ambos consorcios dominan casi el 50% de la audiencia nacional.

Otro aspecto importante, en torno a la concentración de la propiedad radial es la experiencia multimedia que ha iniciado el consorcio El Mercurio , que ha comprado diales en Frecuencia Modulada en regiones para instalar una cadena con la emisora Digital FM. Nuevo atentado a los medios locales y regionales (y para que hablar de las radios comunitarias).

TELEVSION Y PLURALISMO
Luego de la creación del canal estatal (TVN) en 1969, se aprueba en 1970 la Ley 17.377 de Televisión, conocida como Ley Hamilton. Esta otorgaba al medio las funciones básicas y trascendentales como un medio generador de información, entretención y cultura, a la vez que debía velar por la integración de todos los chilenos a través de la cultura, y avocarse a la preservación de los valores nacionales.

A partir del golpe militar se introdujeron profundas transformaciones en el sistema de la televisión. La Junta Militar modificó de facto la ley de 1970, suprimiendo las estructuras pluralistas de la televisión estatal e interviniendo a las universidades (muchas de las cuales eran propietarias de canales de TV) con Rectores-delegados, estableciendo en la práctica un sistema de control absoluto sobre los mensajes emitidos por los canales de televisión durante más de 16 años.

Este sistema se mantuvo inquebrantable durante toda la Dictadura, pero durante el período de institucionalización del régimen militar en la década de los 80, adquirió características especiales a partir de una liberalización económica de la televisión a través de los avisos y la publicidad, política inherente al sistema neoliberal. En 1977 se habían eliminado todas las restricciones que existían en la legislación original de 1970 para la contratación y exhibición de publicidad en la televisión, con lo cual los capitales privados pasaron a tener un rol cada vez más relevante en el desarrollo del medio televisivo. Este proceso de liberalización se consolidó y se extendió a todo el sistema televisivo a partir de la intensificación del consumo, llegando a su punto culmine con la autorización para la creación de estaciones de televisión privada en lo últimos días de la dictadura, a través de la Ley 18.838.

A partir de los 90, se constituye un nuevo escenario para el desarrollo de la televisión chilena. La creación de nuevas estaciones privadas, la modificación legislativa que regulaba el sistema de televisión y la complejización del mercado publicitario, establecen en la actualidad una televisión significativamente comercial y alejada de las ideas del pluralismo.

EN RESUMEN
Los medios de comunicación en Chile responden a una lógica de dominio, tal y como el sistema político económico lo requiere. La concentración aguda y la transnacionalización de la propiedad de los mass media se explica por la necesidad de funcionalizar un componente tan esencial como la información (o desinformación), para beneficiar los intereses de una burguesía que mira con desconfianza a los movimientos sociales que alzan la voz en defensa de sus derechos.

Por ello es hoy, más que nunca, necesario luchar por el establecimiento de medios populares que permitan desalienar y movilizar a la masa, para que esta se transforme en pueblo consciente. Necesitamos democratizar la comunicación para despertar al león dormido, ese león que sufrió en dictadura y que ahora vuelve para recobrar lo que es suyo

Claudio Mendoza

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